Ser del GV 03: una cosa bien nuestra

Alfonso Bonfiglio dudaba si podía ser un buen Chair cuando empezó a coordinar el GV03, en plena crisis de 2001. Sin embargo, su autenticidad y su capacidad para construir confianza transformaron aquel grupo de empresarios en un grupo de amigos. Tres de sus miembros originarios cuentan por qué, veinticinco años después, siguen eligiendo encontrarse.

“¡Mirá qué fantástico, mirá esto! Estaba revisando papeles viejos para nuestra charla. Yo tengo una hojita por cada reunión que hice desde 2001 y, de golpe, leo: ‘Próxima reunión: motivación en época de crisis’. ¿Te suena? Otra reunión: ‘Diseñar el modelo de negocio en tiempo de crisis’. Ahora, decime: ¿De qué hablás hoy?”.

Quién plantea la ironía es Alfonso Bonfiglio, Chair del GV03, uno de los primeros grupos de Vistage Argentina, que en julio acaba de cumplir 25 años. Y ese archivo implacable es parte del método con el que suele desafiar a sus miembros: “Mirá lo que me decías hace diez años y mirá cómo lo estás resolviendo ahora”. Cuando alguno se está enroscando, se lo muestro: “Acá está lo mismo, escrito hace diez años”.

Ochenta años, jugador de fútbol y cofundador y director de Anclaflex, el Sheriff -así apodado cariñosamente por sus miembros- sigue colaborando de manera incansable con nuestra organización, convencido del sistema que conoció en un momento oportuno, pero complejo.

“Hay que ubicarse en 2001: el mundo era otro y Argentina estaba dentro de ese mundo. Además, nosotros estábamos inmersos en una grave situación económica y social, si no la más grave de los últimos tiempos. Alejo Canton [fundador de Vistage Argentina] quería traer el sistema al país y un contacto común, Santiago Lazzati, le dijo: ‘Tenés a Alfonso, que está sin trabajo, podría ser un Chair’. Alejo debe ser el tipo más perseverante que conozco. Me vino a ver, yo estaba tratando de armar mi empresa productiva y le dije que no. Después insistió; ya tenía dos grupos y yo iba a coordinar el tercero”.

En ese momento, Alfonso tenía más dudas que certezas; el de Alejo era un llamado a correrse de lo conocido y aventurarse… ¿hacia dónde? “Yo fui siempre muy operativo: era gerente general, tomaba decisiones. Esto de ayudar a pensar a otro me resultaba totalmente distinto. La verdad es que no sabía si podía ser un buen Chair”.

Pero el destino tiene sus mañas. El Sheriff todavía no sabía que esa zona desconocida se convertiría en una pasión. “Yo soy jugador de fútbol y, cuando voy a jugar, no importa el partido, siento esa adrenalina… En Vistage me pasa lo mismo con cada reunión grupal, después de 25 años”.

Alfonso Bonfiglio, Chair del grupo 03

Hoy, el legendario GV03 sigue más vigente que nunca. Pero ¿qué hace que un mismo grupo siga reuniéndose durante tanto tiempo?

Miembros del grupo 03 durante un retiro.

La confianza hizo el resto

Para estos empresarios, el asesoramiento entre pares era una experiencia nueva. Pronto descubrieron el valor de compartir experiencias y recibir la mirada de alguien ajeno a su negocio. Reunión tras reunión, la autenticidad del Chair y un marco de confidencialidad fueron dando lugar a conversaciones cada vez más profundas. La confianza hizo el resto: aquel grupo de trabajo se convertiría en un grupo de amigos.

¿Cómo fuiste formando el grupo?

Cuando arrancamos a armar TEC [como se llamaba Vistage en un principio], yo hacía muchas entrevistas de selección y eso también lo aproveché para el grupo. Tuve la suerte de comenzar con seis miembros de gran nivel en todos los aspectos, no solamente por las empresas que representaban, sino por su capacidad intelectual.

Ya vas a charlar con Guido Blohm, David Taylor y Jorge Brunfman [leer El grupo entra en juego], pero también te puedo mencionar, entre otros, a Eduardo Becher, que armó BDO y me ayudó un montón cuando iniciamos, y a Juan Ignacio Eyzaguirre, que era un chileno muy exitoso que venía al país para conducir una compañía de seguros.

Este nivel facilitó el rápido ingreso de más empresarios y en pocos meses alcanzamos los doce miembros.

¿Qué buscaban estos empresarios? ¿Por qué accedían?

Todos tenían un mismo objetivo: ver qué era eso de ayudarse entre pares, compartir experiencias, mejorar su calidad de vida. Si venían de otro país, también les interesaba conocer cómo era la manera de pensar de los empresarios argentinos. Contar con la opinión de un par que no tenga nada que ver con su negocio es fundamental para la cabeza de un empresario. Era muy importante en 2001 y lo sigue siendo hoy.

¿Qué cambió en estos 25 años? ¿Qué permaneció igual?

Los cambios más significativos fueron los tecnológicos. Cuando arrancamos el grupo no existía el celular, yo mandé como cinco mil cartas a una base de datos para invitar a conocer Vistage, en el grupo trabajábamos con un rotafolio…

En cambio, el sistema es tan bueno que permanece invariable. Cuando yo descubrí TEC, dije: “Esto es diferente, es cambiar opiniones entre pares, ponerte en el zapato del otro y ayudarlo a pensar…” Porque somos distintos, venimos de empresas distintas y tenemos miradas totalmente distintas.

Miembros del grupo 03 durante un retiro.

¿Cómo se construye y sostiene la confianza durante tanto tiempo?

Al comenzar una relación como ésta, es difícil pensar que vas a contar todo. Sin embargo, cuando aclarás que la confidencialidad es un eje muy importante y, además, todos vamos viendo que lo que se dice en el grupo no sale del grupo, las conversaciones empiezan a ser más fluidas y profundas y, sin darte cuenta, terminás hablando de todo.

Desde el primer día, cualquiera me sacaba la radiografía de cómo soy, y nada genera más confianza que cuando sos auténtico. Tuve mucha suerte: nadie se fue por el grupo. Las bajas que tuve, Eduardo Becher y José Sojo, fueron por razones de agenda internacional. Se habían hecho muy internacionales y viajaban todo el tiempo. Con el correr de los años, además de ser un grupo de trabajo, comenzamos a generar una relación de “amigos de grandes”, como dice Fernando Albano.

¿Sentís que evolucionaste como Chair?

Una de las cosas que me enseñó Vistage es a escuchar al otro primero. Yo no lo hacía. Si tomaba una decisión, estaba tomada e íbamos para allá. Y aprender a escuchar, a conocer las otras opiniones, es fascinante.

Tengo reuniones individuales donde alguien me presenta un tema, lo pinponeamos, y a veces me parece que hay que llevarlo al grupo. Y en el grupo toma un giro totalmente distinto. Por ejemplo, en una individual Un comentario al pasar de Hugo Magonza me hizo ver qué gran tema era el invento de Jorge Odón, un mecánico argentino que ideó un dispositivo para asistir partos complicados a partir de un truco para sacar un corcho de una botella. Con el tiempo, ese invento tomó estado público y hoy se está probando en Europa. También recuerdo cómo, a partir de una tesis de máster, surgió un modelo de negocio increíble. Como Chair, siempre estás aprendiendo.

El grupo entra en juego

Tres de los empresarios que participaron de aquella primera reunión siguen formando parte del GV03: Guido Blohm, David Taylor y Jorge Brunfman.

Sus recorridos profesionales cambiaron profundamente durante estos 25 años. Después de haber sido CEO en Alemania de una multinacional del sector funerario y de cementerios, y de conducir luego sus operaciones en Argentina y Uruguay, Guido Blohm es actualmente socio de Fides Capital, firma dedicada a la planificación financiera (Family Office), con foco en crecimiento de capital y diversificación. David Taylor es fundador y único integrante de Nova Servicios Petroleros, desde donde representa a empresas extranjeras de equipamiento para la producción de petróleo y gas, desarrolla un software para evaluar intervenciones de pozos y colabora con otro miembro del GV03, Klaus Bohner (Metro Capital), en operaciones de M&A del sector. Por su parte, tras 25 años como CEO y director comercial de una empresa tecnológica, Jorge Brunfman es hoy director y asesor del gerente general de Enterprise Data Solutions y, en 2025, inició junto con dos de sus hijos Evolvix, un proyecto dedicado a productos de wellness y fitness.

También fueron diferentes las razones que en su momento los llevaron a sumarse al GV03. “Yo soy alemán y, recién llegado al país, decidí sumarme a Vistage para poder intercambiar con pares argentinos, entender cómo piensan y qué idiosincrasia tienen. Habiendo vivido en varios países diferentes, me daba cuenta de que esto era primordial para entender el mercado local”, explica Guido Blohm.

David Taylor, por su parte, recuerda: “Yo era el gerente general de la sucursal argentina de una multinacional estadounidense y me atrajo la idea de compartir con otros gerentes y dueños de empresas casos de éxito y temas críticos, además de las presentaciones de expertos en temas variados”.

Para Jorge Brunfman, la diferencia estaba en la apertura que proponía el encuentro: “Me atrajo la posibilidad de sentarme a hablar con otros empresarios, sin filtros ni miedo a mostrar lo que me preocupaba, y escuchar las devoluciones de gente que estaba viviendo cosas parecidas a las mías, aunque en empresas totalmente distintas”.

Con el tiempo, aquella posibilidad de compartir experiencias y mirar los problemas desde otras perspectivas fue puesta a prueba por desafíos empresariales —y también personales—. ¿Cuándo se convirtió el GV03 en un apoyo clave para sus miembros y de qué manera los ayudó?

Guido Blohm, miembro del grupo 03

Guido Blohm: El mayor desafío fue cuando llegué a la Argentina enviado por Service Corporation International (SCI) y teníamos que empezar a vender parcelas en un período de deflación. La compra implicaba un gasto posterior de mantenimiento y se trataba de un producto destinado a una necesidad futura, no a un uso inmediato, que además podía ser más barato al año siguiente. Era muy difícil de vender. En ese contexto, fue muy interesante conocer la experiencia de un integrante del grupo, un empresario chileno que provenía del sector de seguros. La manera en que abordaba esa problemática y buscaba vender productos que tenían bastante relación con los míos me ayudó a pensar cómo encarar el desafío.

David Taylor, miembro del grupo 03

David Taylor: Hace poco más de diez años perdí mi trabajo en una multinacional. El grupo me ayudó a reinventarme. Les pedí su opinión sobre los distintos negocios que intenté lanzar —fueron varios y hoy sigo activo en tres líneas independientes— y fueron muy claros al opinar sobre los aspectos técnicos de mis ideas, mis fortalezas y debilidades personales, y lo razonable y lógico de cada camino. También me apoyaron como amigos, dándome confianza y energía.

Jorge Brunfman, miembro del grupo 03

Jorge Brunfman: El desafío más grande fue la expansión internacional de mi compañía, Advanced Technology Solutions (ATS), atravesando la crisis del uno a uno, el cepo cambiario, la inflación y otras restricciones locales. Compartir esos desafíos con el grupo, reunión tras reunión, nos fue ayudando a sostenernos mutuamente. Escuchar cómo otros resolvían problemas parecidos bajo las mismas presiones macro me daba una perspectiva que solo no hubiera tenido. También recuerdo con mucho cariño el apoyo que recibí cuando me separé de mi primera mujer, que además era mi socia —su hermano era mi otro socio—. Ahí el grupo no solo me ayudó a pensar la parte empresarial de la situación, sino que estuvo del lado humano también.

Para Alfonso, las tres historias dicen algo que va más allá de los problemas resueltos: “El ser miembro del 03 es una cosa nuestra. Los demás podrán ser Vistage, pero no son 03. Creo que eso está en la cabeza de todos nosotros. Seguimos desafiándonos en cada reunión; es una cosa increíble”.

Volver a elegirse

Después de 25 años al frente del GV03, Alfonso todavía encuentra algo nuevo en cada encuentro. “Es muy común escuchar que hoy nada te sorprende. Sin embargo, si sos Chair Vistage, las diferentes soluciones que todos tenemos para un mismo problema y las distintas maneras de enfrentarlo te hacen decir: ‘Guau, no se me hubiera ocurrido una cosa como esta’. Yo te puedo asegurar que, en cada individual o en cada grupal, siempre me llevo algo”.

Del otro lado, quienes acompañan a Alfonso desde aquella primera reunión también encuentran sus propias razones para seguir eligiendo al GV03.

Jorge Brunfman: Creo que este grupo sigue reuniéndose porque construimos un vínculo personal y profesional muy fuerte. Cada uno siente los desafíos del otro como propios, con el compromiso genuino de ayudar a encontrar soluciones o, al menos, otra mirada. Y este es uno de los grandes valores que me da Vistage: además de tratar mis propios temas críticos o desafíos, escuchar los de mis compañeros, aportar en lo que puedo y ver cómo evoluciona cada tema. Aprendo mucho de eso, por tratarse de temas de la vida real, apliquen o no a mi situación personal del momento.

David Taylor: Esta historia compartida me permitió ver cómo las cosas de la vida han impactado a los amigos del grupo y cómo ellos enfrentaron esos cambios y oportunidades. Esto me permite entender mejor, con más calma y de forma más razonable y realista, los desafíos y cambios que yo enfrento. Además, siempre me divierto en las reuniones: ¿qué puede ser mejor que pasar un día entero con amigos que se conocen desde hace tanto tiempo?

Guido Blohm: El grupo es tan diverso y tan capaz, que realmente uno va con un problema y, si bien no te dan siempre la solución directa, te hacen pensar otra forma de hacer las cosas y ver los dos lados de la moneda, que es primordial. Y con todo eso, nuestro Chair, Alfonso Bonfiglio, tiene una capacidad de unir, hacer pensar y mover al grupo; en síntesis, una forma de dirigir que es la clave para que nosotros sigamos después de tanto tiempo.

En el último retiro grupal, Alfonso hizo con el GV03 lo mismo que durante 25 años les había pedido a sus miembros: puso el propio grupo sobre la mesa. “¿Qué vamos a hacer cuando cumplamos 25 años? Tenemos varias posibilidades. Vamos a seguir así como estamos, vamos a tratar de incorporar a una o dos personas más para darle más savia juvenil, o vamos a cerrar”.

El Chair también admitió que sostener la dinámica de los encuentros comenzaba a resultarle más difícil. Aunque las reuniones individuales suelen hacerse por videollamada, él siempre prefirió el cara a cara. Pero Buenos Aires parecía hacerse cada vez más grande: visitar todos los meses a cada integrante implicaba ir de una punta a otra, encajar horarios, sumar horas.

La respuesta no fue solo sentimental, sino práctica. El grupo empezó a “achicar” Buenos Aires: “Nos juntamos a mitad de camino, nos reunimos en tu casa, vamos al restaurante de la esquina…” También Alfonso hizo su parte: cuando una reunión individual quedara demasiado a trasmano, la haría por Zoom. “Estoy cambiando un poco eso por el tema de preservar el grupo, seguir”.

Veinticinco años antes, Alfonso no sabía si podía ser un buen Chair. En aquel retiro, sus miembros no le dijeron que lo había sido: buscaron la manera de que pudiera seguir siéndolo. “Y bueno, lo tomé así”.