De la ingeniería al coaching, de emprendedor tecnológico a Chair de Vistage, Fernando Giordano recorre una trayectoria atravesada por la búsqueda, el aprendizaje y el acompañamiento a otros líderes.
Tras 20 años al frente de ControlNet, empresa que fundó cuando egresó de la universidad, y luego de haber sido reconocido con el Saco Verde por su trabajo como Chair de Vistage, Fernando Giordano habla como alguien que sigue buscando. En esta conversación comparte aprendizajes sobre crecimiento, capital humano, transformación personal y el sentido que hoy encuentra en devolver parte de todo lo recibido a lo largo de su vida profesional.
Ingeniero en electrónica, coach ontológico, emprendedor, empresario, inversor… Es complejo definirte. ¿Dónde confluyen todos esos perfiles?
En un ser que buscó, busca y ojalá siga buscando ampliar su zona de seguridad, de a micropasos, sin tirarse al precipicio. Me formé como ingeniero en la UTN (Universidad Tecnológica Nacional) y tuve la posibilidad de armar una pyme, ControlNet, con un compañero con el que egresamos de la facultad.

¿Cómo fue el camino desde aquel proyecto universitario hasta lograr una empresa consolidada?
Arrancamos en la casa de mis viejos, donde solíamos juntarnos a estudiar. Nuestro proyecto final terminó convirtiéndose en el primer negocio y así nació ControlNet, desarrollando inicialmente soluciones de control de acceso.
Con el tiempo empezamos a migrar hacia el sistema de pago del transporte público. En Córdoba trabajamos con Red Bus y, más adelante, cuando la operación pasó a manos de Siemens, seguimos siendo sus proveedores. Eso nos permitió expandirnos a otras ciudades como Salta, Tucumán y Mendoza, e incluso desarrollar algunas experiencias de exportación en Chile. Más tarde llegó SUBE y ahí dimos un salto muy importante, proveyendo soluciones tecnológicas y máquinas para el sistema de Buenos Aires.
En paralelo, la empresa también fue creciendo puertas adentro. Pasamos de ser dos personas a conformar equipos cada vez más grandes, y mi rol fue evolucionando desde la ingeniería hacia la gestión de proyectos y el área comercial. Entendí que no alcanzaba con desarrollar tecnología: también había que salir a escuchar al cliente y entender sus necesidades y para construir valor.

Estuviste al frente de ControlNet durante 20 años. Si tuvieras que destacar tres aprendizajes clave, ¿cuáles serían?
Uno es detectar la oportunidad en el cliente para poder agregar valor. Nosotros éramos caros, pero los ejecutivos nos elegían porque les dábamos una respuesta. Trabajábamos para que nos siguieran eligiendo. Intentábamos cotizar un proyecto y después no andar queriendo cobrar modificaciones. Estábamos hasta el final, poníamos todo lo que había que poner y escuchábamos al cliente.
Otro aprendizaje fue el liderazgo del capital humano. Ahí Vistage se anotó un porotazo. Me acuerdo, por ejemplo, de una charla de Connecting Ideas, donde Marcelo Gordin describía “Un microclima en la empresa”, que me voló la cabeza. Se la pasé a mi jefe de Recursos Humanos para hacer algo parecido. La verdad es que nos divertíamos, tuvimos siempre un ambiente muy lindo, muy relajado, muchísimo compromiso desde el corazón. Vendí mi empresa hace 10 años y todavía sigo vinculado con muchos de los chicos del equipo.
El tercer aprendizaje es poder mirar los números. Es necesario tener una proyección que lamentablemente muchos de los emprendedores o incluso de los empresarios no tienen, yéndoseles la energía o la plata por lugares que no ven, sin crecer ni escalar.
¿Cómo entraste en contacto con Vistage?
Llegué a Vistage a partir de una formación en coaching que hice entre 2012 y 2013. Mi coach, Diana Repetto, me dijo: “Todo lo que te escucho hablar, mi hermano lo vive en un grupo de Vistage. Vos tenés que conocer eso”. En ese momento Vistage todavía no estaba en Córdoba, así que incluso evalué viajar regularmente a Buenos Aires para participar como miembro. Pero, justo, Jorge Estenssoro estaba armando el primer grupo en la provincia y terminé siendo el miembro número cuatro.
Vistage me cambió profundamente. Me ayudó a transformarme como persona, como empresario y como líder. Jorge Estenssoro fue un referente enorme para mí, alguien que me acompañó mucho en ese proceso, y el grupo -el famoso grupo 68 de Córdoba- se sigue juntando.
En paralelo, ControlNet también atravesaba una etapa de crecimiento y profesionalización. Con el acompañamiento de mi grupo Vistage pude tomar decisiones muy importantes para la empresa, desde redefinir la sociedad hasta impulsar su expansión y, más adelante, concretar su venta cuando sentí que había cumplido un ciclo.
Durante tu etapa como miembro, ¿sentís que Vistage funcionó como apoyo y acompañamiento en momentos de crecimiento y desafíos importantes para tu empresa?
Sí, totalmente. Y no solo en los momentos en que la empresa escalaba. Cuando uno mira la historia desde lejos parece una línea ascendente, pero en el medio hubo muchísimas dificultades, decisiones complejas y conversaciones difíciles. Ahí entendí el valor de escuchar perspectivas distintas y elegir el camino más alineado con mis valores y con la empresa que quería construir.
También apareció algo muy humano. Me pasó emocionarme hasta las lágrimas frente a otros empresarios y sentirme contenido. Creo que ahí está una de las grandes fortalezas de Vistage: detrás de cada empresa hay personas atravesando desafíos reales.
¿Cuándo decidiste expandir tu mirada, desde la ingeniería a otras dimensiones, como la ontología?
Creo que siempre fui “100% busca”. Desde chico venía explorando distintas herramientas y procesos personales. En un momento empecé una formación en competencias directivas en Córdoba. Yo buscaba ser mejor gerente. En ese entorno alguien me dijo: “Vos vas a ser coach”. Yo me reí bastante, pero terminé en Chile, formándome como coach ontológico. Más adelante también hice otras formaciones vinculadas al coaching corporal y a la bioenergética.
Todo eso convivía con mi etapa en ControlNet. Nunca lo vi separado de mi rol empresario. Al contrario: las competencias conversacionales, aprender a generar mejores preguntas, mejores puentes y mejores conversaciones, me ayudaron mucho a liderar equipos, relacionarme con clientes y acompañar personas.
Con el tiempo, fui “limando las aristas del cubo del ingeniero”, incorporando una mirada más humana y más integral sobre el liderazgo.

Y, de paso, te ibas preparando para ser Chair.
Después de vender ControlNet dejé de ser miembro de Vistage, pero seguí muy vinculado. Mi Chair, Jorge Estenssoro, insistía desde hacía tiempo con que yo podía ocupar ese rol. Cuando llegó el 2021 y cumplí 50 años, decidí explorarlo más seriamente, pasé por el proceso de selección y finalmente entré como Chair. Y hoy puedo decir que estoy fascinadísimo con esta etapa. Es un rol que me conecta muchísimo con las personas, con el aprendizaje y con el acompañamiento de otros líderes.
¿Qué te aporta ser Chair?
Energía, vida, alegría, satisfacción, orgullo, paz. Todo eso, en cualquier orden, de ida y de vuelta. Yo me divierto muchísimo con mis miembros. Vincularme con ellos, acompañarlos, sentir que sus logros son mis logros, aunque sea de forma indirecta. Aprendí muchísimo y sigo aprendiendo día a día.
La actividad de networking me parece divina. Nuestro grupo -el G216- va a cumplir ahora 5 años. Me acuerdo que arrancamos un día, a las 8 de la mañana, todavía de noche, siendo 8 perfectos desconocidos, y a las 5 de la tarde parecía que nos conocíamos toda la vida.
¿Es como hacer propio el desafío del otro?
Cuando pasa eso, es ¡Eureka! Solemos decir que somos directores independientes de la empresa del otro por un día. Y muchas veces esas miradas son opuestas. Yo celebro cuando, entre 18 miembros, uno dice “comprá” y otro, “vendé”. Es buenísimo, porque aparecen fundamentos distintos y después cada uno procesa qué le hace más sentido según su situación. Ahí es donde se genera la confianza y podemos ir al hueso. Tiene mucho de coaching también: ofrecer una interpretación, ver si resuena en el otro y, si no, soltarla.
En 2025 fuiste reconocido con el Saco Verde por tu trabajo como Chair. ¿Qué representó para vos?

Un orgullo gigante. Una enorme satisfacción y un reconocimiento muy fuerte, sobre todo viniendo de la organización y de mis pares. Nunca me lo imaginé. Soy un Chair relativamente nuevo, del interior, con un solo grupo, y hay Chairs con 20 años de trayectoria. Yo llevaba apenas cuatro años, así que jamás pensé que podía estar en esa posibilidad.
Lo más emocionante fue el reconocimiento de la gente. Se acercaban colegas y personas que admiro muchísimo, algunos con una enorme trayectoria dentro de Vistage, para compartirme sus palabras y su cariño. Ahí entendí que también hablaba de quién soy, de cómo me vinculo y de lo que intento dar en cada intercambio.
También fue una confirmación personal. Yo ya estaba profundamente convencido de Vistage porque lo viví en mi propia vida, pero recibir ese reconocimiento redobla las ganas de seguir creciendo y dar más.
Hablemos un poco de tus otras actividades. Por ejemplo, formás parte del Adventure Club.
Sí. Adventure Club es un club de inversores ángeles de Córdoba que acompaña startups en etapas tempranas. Además del aporte económico, muchas veces trabajamos desde el concepto de smart money: sumar experiencia, redes de contacto, miradas estratégicas y acompañamiento a los emprendedores.
De alguna manera, hoy intento acompañar a líderes y emprendedores más que liderar un proyecto propio. Eso también conecta con mi rol como Chair. Y, en el caso de las inversiones ángeles, nunca lo pensé solamente desde lo económico. Claro que, si una empresa crece muchísimo, puede haber un retorno, pero para mí el verdadero valor está en el intercambio, el aprendizaje y la posibilidad de acompañar el desarrollo de otros proyectos.
También tiene que ver con devolver algo de todo lo que yo recibí a lo largo de mi vida. Muchísima gente me ayudó con una conversación, un consejo, un contacto o una mirada distinta. Entonces, si hoy puedo aportar algo de lo que aprendí y eso le sirve a otro para crecer, bienvenido sea.
¿Cuáles son tus perspectivas para los próximos cinco años?
De alguna manera, siento que esta etapa de mi vida tiene mucho que ver con devolver. Eso es lo que encuentro en mi rol como Chair y es lo que quiero seguir profundizando. Y también disfrutar esta etapa familiar, viendo crecer a mis hijos y acompañando sus propios caminos.
Después, bueno, veremos qué trae la vida. En cinco años también se jubila mi esposa, así que quizás aparezca un nuevo punto de quiebre o una nueva reinvención. Por ahí terminamos arriba de una motorhome viajando hasta Alaska.