Fuente: Infobae
Mariela Waisbord, miembro del G232, aportó su visión en la nota de Infobae que reúne líderes de empresas locales y regionales para que analicen la brecha de género y las tendencias que podrían poner en riesgo los avances logrados.

Como cada año, Infobae presenta un informe especial por el Día de la Mujer enfocado en la situación y los retos que atraviesan las mujeres en la economía. CEOs, dueñas y altos mandos de compañías argentinas y multinacionales analizaron la inserción profesional, la equidad de oportunidades y salarial, y los obstáculos estructurales que aún persisten.
A lo largo de las décadas, la participación femenina en el mundo laboral y de los negocios estuvo atravesada por desigualdades persistentes frente a los varones.
La brecha salarial, la concentración en determinados sectores de actividad, la mayor exposición a la informalidad y las barreras para acceder a puestos jerárquicos y espacios de decisión forman parte de un esquema que condiciona su desarrollo profesional. El llamado “techo de cristal” sintetiza esas limitaciones.
Si bien en los últimos años se produjeron avances y una mayor visibilización de estas problemáticas, los indicadores muestran que las diferencias no desaparecieron.

En el caso de Argentina, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), al tercer trimestre de 2025 (último dato disponible), la brecha de la media del ingreso total individual entre mujeres y varones alcanzó el 27,6%. Esto se debe a que en el primer caso el monto percibido llegó a $804.753 y en el segundo a 1.112.200 pesos.
La diferencia porcentual no tuvo mejoras relevantes en los últimos años: en 2016, cuando empezó la serie estadística, era de 28,6 por ciento. En 2018 superó el 30%, mientras que en 2020 tocó un mínimo de 24,7 por ciento.
A su vez, dentro del universo de 14 años y más, desagregada por sexo, la Tasa de Actividad para los varones fue de 70,1%, mientras que para las mujeres fue de 52,6 por ciento.
Además, en dicho período, la tasa de desocupación fue de 7,4% para las mujeres y de 5,9% para los varones.
En su último dossier estadístico de género, el Indec resaltó asimismo que las mujeres tienen tasas de subocupación más elevadas que los varones y que cuatro de cada 10 asalariadas trabaja en la informalidad.
En tanto, “mujeres y varones participan de manera diferencial en los distintos sectores de la economía. Las mujeres tienen una mayor participación relativa en ocupaciones vinculadas al cuidado, tales como actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico, enseñanza y salud humana y de servicios sociales”, precisa el informe.
Por otra parte, 92 de cada 100 mujeres asumen el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, mientras que en los varones la proporción desciende a 75 de cada 100.
En términos globales, el Banco Mundial realizó un informe titulado “La mujer, la empresa y el derecho”, en el que se señala: “Las mujeres disfrutan actualmente de menos de dos tercios de los derechos legales disponibles para los hombres, y solo el 4% vive en economías que se acercan a la igualdad plena en lo que respecta a los derechos de las mujeres. Ninguna economía ha implementado aún el conjunto completo de derechos legales necesarios para la plena participación económica de las mujeres”.
Género de la máxima autoridad de las empresas
En otro orden, el Foro Económico Mundial advirtió que “a pesar de los avances de las mujeres para alcanzar las esferas más altas del poder en las juntas directivas y la política, investigaciones recientes muestran que la confianza en el liderazgo femenino está disminuyendo y que parte del progreso logrado hasta la fecha en la participación de las mujeres en cargos corporativos podría estar estancándose”.
Un estudio de la universidad Siglo XXI, en el que se encuestó a 400 empresas de distintos sectores, registró que el 55% de las compañías relevadas tienen una baja o nula presencia femenina (hasta 25% o ninguna mujer en su dotación), lo que confirma la persistencia de estructuras masculinizadas.
En la alta dirección, el 82,8% de las máximas autoridades son varones y solo el 17,3%, mujeres. Este porcentaje desciende al 9,6% en empresas de más de 250 personas empleadas.
Mujeres en segunda línea de autoridad por tamaño de empresa
“Estos datos revelan la fuerte incidencia del techo de cristal en el acceso a las mesas de decisión en las grandes empresas así como la presencia de peldaños rotos en los niveles intermedios”, aseguró el informe.
La problemática tampoco es abordada de manera generalizada: solo el 16,8% de las empresas cuenta con una estrategia formal de igualdad de género, apenas el 22% implementa medidas específicas para acelerar la equidad, y únicamente el 5,5% ha asignado un presupuesto específico para esta agenda en 2025 y 2026, con cierto estancamiento o desinversión en comparación con el año anterior, especialmente en las de mayor tamaño.

Mariela Waisboard – CEO de Vittal Emergencias
En los últimos años, el rol gerencial de las mujeres avanzó porque nos animamos a ponernos a prueba. En industrias como la nuestra, donde se trabajan guardias de 12 horas y la operación funciona 24/7, liderar implica asumir responsabilidades que muchos no están dispuestos a tomar.
Lo vemos todos los días: paramédicas y gerentes de turno nocturno que sostienen la operación desde hace más de diez años en horarios donde pocos quieren estar; receptoras que, desde la central, coordinan móviles y toman decisiones críticas en tiempo real; médicas que definen conductas bajo presión y equipos que responden con profesionalismo absoluto. Muchas veces no buscamos protagonismo, simplemente damos un paso al frente cuando hace falta, porque encontrar quién esté dispuesto a asumir ese nivel de compromiso no siempre es fácil.
“El rol gerencial de las mujeres avanzó porque nos animamos a ponernos a prueba”.
Sin embargo, todavía falta. Falta que ese compromiso deje de leerse como sacrificio excepcional y sea reconocido como liderazgo profesional. Falta que más mujeres estén también en los espacios donde se definen estrategias, inversiones y expansión. El avance no es solo ocupar lugares, es consolidarse en los ámbitos donde se decide el rumbo. Y eso requiere animarse, pero también que las empresas generen condiciones reales para que ese talento crezca y permanezca