Fuente: La Nación

Emprendedora: se rompió su auto y en el taller encontró una oportunidad que es tendencia en la decoración y construcción

Julieta Figueroa miembro del GV 170, creadora de una marca que recicla vidrios rotos de autos para la fabricación de terrazo para piezas de decoración, bazar y pisos; su primera venta fue una exportación a Chile de 230 piezas hace un año.

De niña, Julieta Figueroa solía juntar basura en la playa de Rada Tilly, Chubut, pueblo que la vio nacer. Más adelante incursionó en el reciclado cuando no era una cultura promovida socialmente como hoy en día. Y actualmente, a sus 35 años, canalizó su ADN sustentable para fundar Bóer Good Hope, un emprendimiento que recicla vidrios rotos de autos para la fabricación de terrazo para piezas de decoración, bazar y pisos.

La vida de casada la había llevado a trabajar durante cuatro años en una empresa de compra y venta de chatarra, experiencia que forjaría en su espíritu de negocios la huella verde. Después del divorcio y la pandemia, Julieta se encontró un día del 2021 sola en su casa, sin hijos que cuidar ni trabajo que acapare su atención.

Una llamada cayó del cielo para un proyecto que –spoiler: no prosperó-, pero que allanó el camino hacia su emprendimiento. Un amigo conocía una empresa que fabricaba pisos térmicos y dada su experiencia en el rubro sumado al conocimiento adquirido en la carrera de Dirección de Negocios, consideraba que podía ser un buen lugar para que Julieta invirtiera. En pocos meses ese plan se frustró pero el proceso la había cruzado con el que se convertiría en su proyecto estrella.

“Había investigado y sabía que el terrazo se venía fuerte entonces hice un curso para aprender a hacerlo. Al principio me salía horrible, me frustré mucho y tardé un año en desarrollar el producto que quería”, admite, y reconoce que empezó el emprendimiento no por pasión por el material sino porque “fue el primer tren que pasó por delante mío y me subí”.

Para ella, el terrazo remitía a los pisos de mosaicos verdes o rosados que veía al entrar en los edificios antiguos. Pero como toda moda, hace pocos años volvió al ruedo y se re popularizó. En un análisis del mercado, encontró que la opción que más le gustaba era la que tenía vidrios entremezclados y se propuso hacerlo ella misma. Sin embargo, el camino para llegar al vidrio adecuado se hizo cuesta arriba. Otro amigo que trabajaba con la materia prima le había ofrecido el descarte de la fábrica, pero después de un sinfín de intentos no lograba trizarlo como era necesario.

La oportunidad de encontrar su diferencial llegó en forma de crisis. “Un día yendo al sur de vacaciones se me rompió el parabrisas del auto. Cuando lo llevé a arreglar y le pregunté qué hacían con el material me contestaron que una vez por día venía un volquete y lo llevaba al basural”, cuenta. Y ahi mismo se le prendió la lamparita y encontró lo que tanto había estado buscando.

El paso siguiente se dio, sin dudas, por acuerdo de las partes: ella en pedirlo y ellos en entregarlo. “La primera vez me vaciaron una aspiradora y dije: ´Me estoy llevando la basura de verdad hasta con pelos y polvo´”, dice la emprendedora sobre cómo encontró parte de su materia prima gratis. Reconoce entre risas que nadie del taller sabe qué es exactamente lo que hace con los vidrios que le juntan y que la cantidad que necesita es tal que próximamente va a tener que ir con volquetes a buscar más.

El inicio de un negocio

Para arrancar el motor del emprendedurismo, como todo negocio, hace falta dinero. En su caso, utilizó US$1500 que le prestó su mamá y financiamiento de todos los bancos que -en las llamadas promocionales que la mayoría de las personas suelen ignorar- le ofrecían tarjetas de crédito. “Todavía estoy pagando los intereses de las tarjetas y me prestan el taller donde produzco”, señala, pero rescata que fue una buena opción para darle impulso al proyecto.

Un año y un mes fue lo que tardó en desarrollar el producto ideal, a partir de una inversión para el taller y materiales de $297.000 entre septiembre del 2021 y febrero del 2022 (cuando el dólar blue cotizaba entre $287 y $376). Su atención, no obstante, se desvió en el medio del proceso.

Otro llamado milagroso fue el que luego se transformó en su primera venta. En abril del 2022, un amigo que se había mudado a Chile y era dueño de una tienda online de decoración le pidió cotizar un pedido de bandejas de terrazo. Las unidades eran pequeñas en tamaño y después de unos cuantos intentos dio con la terminación adecuada. El precio que ofrecía Julieta era más accesible en comparación con otros emprendimientos que lo hacían en Argentina, y esa suma de factores fue la que la llevó a concretar su primera venta. Algo inesperado, confiesa, es que su primera transacción haya sido una exportación que le llevó a su bolsillo US$400.

De esa primera venta hasta la actualidad pasó apenas un año, pero el negocio aumentó su volumen con creces. Junto a su equipo de tres personas y la financiación de su novio como inversor en el proyecto desde septiembre del año pasado, vendió más de 2200 unidades a escala mayorista a locales de decoración, regalería y bazares en 2022. “No tengo competencia en el mundo de la decoración que fabrique en grandes cantidades, que haga mil unidades en una semana. Por otro lado, de piso sí porque es granito”, señala.

Uno de los propulsores para llegar a ese volumen fue la participación en la Expo Cafira en agosto del 2022, la reconocida exposición internacional de fabricantes e importadores de artículos de decoración, regalos y afines. Con un producto en el que confiaba pero que todavía trastabillaba en el taller prestado, amigos la ayudaron a armar un stand y se lanzó a probar su suerte en la feria. Allí, como en otras exposiciones de las que formó parte hasta ahora, atrapó nuevos clientes como casas de decoración y hasta importantes referentes de la industria de la decoración se acercaron a ella interesados en hacer negocios. Por ejemplo, recibió pedidos de marcas como Wanama y el emblemático hotel Savoy, y hoy se encuentra realizando presupuestos para proyectos en el Hipódromo de San Isidro y distintos desarrollos inmobiliarios.

Es justamente una escasa oferta en el mercado lo que posiciona a emprendedores como Figueroa. “Me piden presupuesto constructores y arquitectos para poner el producto en mesadas de cocinas en casas, departamentos y oficinas porque las grandes empresas no dan abasto, tienen más de dos meses de demora y ellos corren con el tiempo para entregar la propiedad”, señala.

Este público, según analiza, es el que más se inclina por el cemento blanco con vidrio: “Empresarios, desarrolladores y gente joven tienen el chip sustentable instalado y me piden esta variante”, dice. Por otro lado, el rubro de la decoración que busca accesorios para baño son más tradicionales y piden más la combinación de cemento claro con piedras marrones o el cemento negro con piedras blancas.

La reversión de un clásico

Cemento, arena, agua y piedra son los ingredientes necesarios para hacer el terrazo. La técnica milenaria nacida en el siglo XV surge de unir esos elementos para formar una masa líquida que luego reposa en un molde durante un día. A este proceso, Figueroa le agrega un paso más que resulta tedioso por un lado, pero honrado por el otro: “Para limpiar el vidrio de descarte de autos lo pasamos por distintas zarandas, por agua, le pasamos un imán para sacar metales y después manualmente lo desparramamos y le sacamos pelos, plásticos y suciedad que hay mezclada con el desperdicio”.

Para limpiar 40 kilos de descarte se tarda aproximadamente entre dos y tres días, señala, y añade que no es un proceso que le abarate costos; por el tiempo que demora, le costaría lo mismo ir a comprar piedras -que son su reemplazo- pero insiste en que vale la pena por la contribución al cuidado del medio ambiente reutilizar el vidrio que se tiraría.

Además de utilizar vidrio recuperado, su emprendimiento se diferencia por la diversidad de formas en los productos. “Uno de los problemas con los que me encontré es el de la moldería porque los productores hacen con lo que tienen y no salen de eso. Entendí que tenía que comprarme una termoformadora o salir a buscar alternativas. Por ejemplo, no existen moldes de vasos así que tuve que ir a una fábrica a buscar y terminé usando medidores de cocina para el modelo que actualmente vendo”, dice.

Anticipa que nuevas formas de terrazo se impondrán próximamente en el mercado como, por ejemplo, el parquet y que lo que más se ve en el exterior es el terrazo con piedras de colores artificiales.

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